¿Y si el primer paso no fuera hacer ejercicio?
Todos sabemos que deberíamos hacer ejercicio. Entonces, ¿por qué a veces se vuelve tan complicado empezar?
Y cuando finalmente reunimos la motivación para hacerlo, aparece un nuevo mensaje: "Hacer una hora de ejercicio al día no evita que sigas siendo una persona sedentaria."
Agotador, ¿cierto?
Antes de continuar, vale la pena aclarar algo importante: hacer actividad física y hacer ejercicio no son lo mismo.
La actividad física incluye todos aquellos movimientos que forman parte de nuestra vida diaria: caminar, subir escaleras, hacer tareas domésticas, cargar bolsas o desplazarnos de un lugar a otro.
El ejercicio, en cambio, es una actividad planeada y estructurada, con movimientos repetidos cuyo objetivo es mejorar o mantener la condición física y la salud.
¿Y entonces qué es el sedentarismo?
Más que la ausencia de ejercicio, podemos entenderlo como los periodos prolongados en los que permanecemos sentados o en posiciones donde el cuerpo apenas se mueve y la postura cambia muy poco.
Pasar demasiado tiempo en estas condiciones puede favorecer alteraciones metabólicas, resistencia a la insulina, disminución del gasto energético y pérdida progresiva de masa muscular.
De hecho, investigaciones recientes muestran que pasar muchas horas sentado tiene efectos negativos sobre la salud cardiovascular y metabólica, incluso en personas que cumplen con las recomendaciones semanales de ejercicio.
La recomendación continúa siendo realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, equivalentes aproximadamente a 30 minutos al día durante cinco días.
Pero aquí surge una pregunta interesante:
Si descontamos las horas de sueño, todavía nos quedan alrededor de 15 o 16 horas despiertos cada día.
¿Qué sucede durante todo ese tiempo restante?
La realidad es que muchos adultos pasamos gran parte del día sentados frente a una computadora, en el carro o viendo televisión.
Y aquí viene una buena noticia:
Moverse más también cuenta.
Las caminatas, levantarse periódicamente de tu lugar, subir escaleras o simplemente interrumpir largos periodos sentado pueden ayudar a disminuir parte de los efectos negativos asociados al sedentarismo.
Incluso se ha observado que las personas que realizan pausas frecuentes durante el día presentan mejores indicadores metabólicos, como circunferencia de cintura, glucosa y triglicéridos.
Estas pausas no sustituyen al ejercicio, pero sí representan una herramienta poderosa para cuidar nuestra salud.
Por eso, si todavía no te sientes listo para comenzar un programa de ejercicio estructurado, quizá el primer paso no sea inscribirte al gimnasio.
Quizá el primer paso sea simplemente moverte más.
Una estrategia sencilla puede ser aumentar gradualmente tu número de pasos diarios y buscar oportunidades para incorporar movimiento en tu rutina.
Tu teléfono probablemente ya cuenta tus pasos por ti. Revisa cuantos pasos estás dando actualmente e intenta subir progresivamente a 8,000 - 10,000 pasos al día.
Convierte el movimiento en un hábito y, cuando te sientas listo, da el siguiente paso: el ejercicio planificado.
Cuando llegue ese momento, puede ayudarte responder algunas preguntas:
¿Qué tipo de ejercicio me gustaría hacer?
¿A qué intensidad quiero realizarlo?
¿Con qué frecuencia puedo ser constante?
¿Cuánto tiempo puedo dedicarle por sesión?
¿Dónde lo voy a realizar?
¿Qué implicaciones tiene en términos de tiempo, distancia y costo?
Responder estas preguntas te ayudará a construir una rutina que no solo sea efectiva, sino también viable y sostenible para ti.
Porque el objetivo no es hacer el ejercicio perfecto.
Es encontrar una forma de movimiento que pueda acompañarte durante muchos años.
El ejercicio quizá alguna vez fue opcional.
Hoy, movernos es una necesidad.
- Nadia Carpio